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De vuelta a Córdoba con escala en Toledo
Más de 9.200 moteros dejan Tordesillas tras cuatro días en los que las dos ruedas fueron las protagonistas
 
De vuelta a Córdoba  con escala en Toledo
Un grupo de amigos cordobeses preparan su moto para el regreso a casa en Valdegalindo. / FRAN JIMÉNEZ
Las humeantes hogueras que poblaban en las primeras horas de la jornada de ayer el área de recreo de Valdegalindo eran el resultado final de la última de las veladas nocturnas de la séptima edición de la concentración motera Motauros. Pocos eran los que aprovechaban la escasa luz con la que se levantó ayer la localidad de Tordesillas, acechada por la niebla tempranera, para rodar de nuevo a lomos de sus vehículos de regreso a casa después de que la juerga, aderezada con demostraciones de destreza con las motos, se alargara hasta bien entrado el día.

Escondidos entre una pequeña 'urbanización' de tiendas de campaña, un grupo de amigos procedentes de Córdoba se disponían a recoger todos sus bártulos para emprender un viaje de más de mil kilómetros y retomar donde los dejaron, tras cuatro días al límite, sus quehaceres diarios. El 'Cremalleras' se pondrá al volante de su camión, el 'Picoleto' se enfundará de nuevo su traje de la Benemérita y 'Jarri' amenizará las tardes del periódico en el que trabaja contando las aventuras y desventuras del fin de semana.

La moto es para ellos una filosofía de vida, y Motauros una cita ineludible para reunirse y crear buenos recuerdos para cuando los achaques de la edad les impidan acercarse hasta la Ciudad del Tratado. Las parejas quedan fuera de este encuentro anual, pues «esta concentración es un momento nuestro, de los chicos». Quizá por ello, ante la tesitura de elegir entre la moto y la mujer, más de uno confiesa que elige a la primera, «pero sin que se entere la parienta», comentaban por lo 'bajini'.

Sopa y cordero asado

Hasta casi una treintena de compañeros retornaron a la ciudad del Califato después de emprender una ruta que les condujo en una primera parada a la abulense villa de El Barraco. Allí les esperaba, con el menú de ocasiones anteriores, la regente de uno de los establecimientos hosteleros más conocidos del municipio.

Tras digerir una sopa castellana y un par de corderos asados, la expedición se encaminó a la capital manchega, lugar de residencia de uno de sus miembros. Los más rezagados pernoctaron en Toledo, mientras que la gran mayoría de ellos pusieron rumbo a tierras andaluzas con la idea de planear el viaje motero del año próximo.